En el retiro, a alguien le va a tocar pagar la cuenta. O te toca a ti o le va a tocar a alguien más.

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No recuerdo dónde escuché por primera vez la expresión de: “Viviré de mis padres hasta que me mantengan mis hijos”. Changos! ¿Qué onda con eso?

Parece de risa, pero ayer que terminé de ver el primer capítulo de la serie de Luis Miguel que está pasando Netflix recordé esa frase y me invitó a la reflexión que hoy te comparto. 

Resulta que según la serie, y como todas las cosas hay que tomarlas con un grano de sal, el papá de Luismi, cantante también el señor, no conseguía chamba por que su show no era atractivo. El dinero escaseaba, las deudas se acumulaban, y necesitaba conseguir ingresos para el sostén del hogar.

Su hijo como ya sabemos, tenía una voz privilegiada y vió en él la oportunidad de generar ingresos, tantos según el primer experimentó que nos muestra la serie, que se enfocó principalmente al parecer en prepararlo para crear un artista, y pues como el burro que tocó la flauta, le salió muy bien. Se generó ingresos… al menos por un tiempo.

¿Pero habrá sido justo? ¿De quién era responsabilidad el sostenimiento de ese hogar? 

No pretendo poner en tela de juicio tantos muchos otros ejemplos de padres que ven el potencial de sus hijos y los impulsan de acuerdo a las aptitudes de éstos para procurarles un futuro que les brinde un sustento para su bienestar.

No sé si te tocó ver el discurso de aceptación de Jared Leto cuando ganó el Oscar como mejor actor de reparto por su papel en la película “Dallas Buyers Club” y cómo agradeció a su madre, misma que estaba presente celebrando con él ese momento, que a pesar de todas las desventajas que ella atravesaba inculcó en sus hijos la determinación de trabajar duro y de luchar por sus sueños.

El orgullo en la mirada de esa madre desbordaba en admiración y respeto por su hijo y su logro. No conocemos la historia de estas personas, pero nos puede dar una noción, por las palabras de éste actor, que ella lo habrá hecho de manera desinteresada en beneficio de sus hijos, para colocarlos en una posición de mayor ventaja de aquella que la vida le brindó, o que ella misma se pudo forjar.

Dos historias similares, pero distintas en esencia al parecer.

Tengo la plena certeza de que tú estimado lector jamás te permitirías que tu futuro estuviera a merced de alguien más, mucho menos de tus hijos. O que tus esfuerzos cotidianos sean a costa de una retribución posterior para cuando tú ya no tengas la posibilidad de generarte estabilidad, entre tantas, económica para el tema que expongo.

Pero parece que nuestra cultura alimenta una esperanza inconsciente de débito para cuando nuestro ímpetu sosiegue. Para cuando materialmente, aunque lúcidos, estemos imposibilitados para estar a cargo de nuestra existencia, ya bien porque no tengamos vitalidad para continuar laborando, o por todas las circunstancias que comprenden la tercera edad.

Si lo piensas tantito, la vida parece ser una gran escalera con peldaños infinitos que nos pueden llevar de uno previo a otro más elevado.

La propia evolución nos muestra que al menos así lo es. Si esto no fuese así, aquél primer organismo unicelular se hubiese quedado en eso, y jamás hubiera desbordado en todas las distintas formas de vida que nos rodean. 

Mucho de lo que tú hoy eres, y te tiene donde estás parado, es gracias al peldaño generacional que desde tus bisabuelos y antes, luego tus abuelos, luego tus papás te colocaron hoy aquí. Y el peldaño seguirá contigo, o pesar de ti. 

Todo el esfuerzo, todas las horas, todas las actividades que dedicaron los que vinieron tras de ti, te tienen hoy dispuesto en donde hoy tú estás, y nos queda a cada quien el decidir cuál será el peldaño en el cual posicionaremos a quienes vienen a la postre en nuestra estirpe. Un peldaño abajo o un peldaño arriba.

Si estás de acuerdo conmigo en que todos queremos lo mejor para los nuestros, ¿sería razonable echarles una manita?

“Viviré de mis padres hasta que me mantengan mis hijos.”

Vivir de nuestros padres por razones de nuestra cualidad humana es innegable, al menos hasta que zarpamos con velas anchas en nuestro viaje de independencia.

También lo es que nos mantengan nuestros hijos. Pero ese “mantenimiento” que a costa de nuestra tercera edad es también innegable, puede serlo al menos para fines prácticos, solamente respecto de lo moral y no a costa también de lo económico.

Esto porque ellos como nosotros, si así lo deciden, deberían contar con la posibilidad de posicionar en un peldaño mayor a los que le siguen con una mayor tranquilidad, sin tener que andar disponiendo de sus recursos económicos en nosotros, porque nosotros, nos hicimos cargo en su debido momento.

Insisto, ¿y si les echamos una manita?

¿Cómo les podemos echar una manita? Muy sencillo. Te lo explico en dos pasos:

1.- Comprender que nos corresponde asumir el coste financiero de nuestra existencia para cuando dejemos de percibir ingresos. 

2.- Tomar acciones en este sentido para desarrollar una estrategia que nos permita contar con recursos para satisfacer, en mayor o menor medida, nuestras necesidades económicas.

PUNTO.

¿Qué opciones tenemos para echar a andar esta estrategia?

Existen muchas, entre ellas:

  1. Crear un negocio auto sustentable que genere ingresos de manera permanente sin necesidad de tu presencia.
    Hay varios, revisa el mercado y sus necesidades y busca uno.
    Te va a tomar tiempo. Piénsalo bien, estúdialo mucho.
    Contrata un buen gerente y págale bastante bien para que lo cuide como suyo. Cuando lo encuentres, ya estás del otro lado.
  2. Comprar propiedades y cobrar rentas por las mismas.
    De preferencia busca adquirir propiedades comerciales en zonas bien ubicadas para rentarlas a negocios por un largo plazo. Son los que mejor pagan y casi no dan problemas.
    Si prefieres adquirir propiedades para uso habitación, de preferencia busca propiedades con alto flujo de demanda entre inquilino e inquilino como departamentos cerca de universidades, residencias para ejecutivos empresariales, o bien, para esparcimiento en lugares turísticos.
    Siempre existirá una gran oferta de propiedades para quien tenga el capital suficiente.
    Ojo. Recuerda siempre tener a la mano un buen albañil y un abogado de confianza.
  3. Si las opciones anteriores no están a tu alcance hoy, siempre existirá la opción de acumular capital durante el resto de tu etapa productiva, decidiendo dejar de gastar una parte de tus ingresos y destinándolos a una inversión en una institución financiera que te genere rendimientos sobre el capital invertido, rendimientos que reinvertidos conjuntamente con el capital y nuevas aportaciones de capital, multipliquen sus beneficios en un plazo determinado.

Nota: Si te cuentas entre quienes hoy están viviendo algunos de los ejemplos de las opciones del inciso a) o b) anteriormente descritos, si te estás beneficiando de los ingresos de tales emprendimientos y aun no te encuentras próximo en llegar a una edad de retiro, quizá sea una opción también para ti multiplicar tus beneficios tomando la opción del inciso c).

Sobre todo recuerda que llegada cierta edad, a alguien le va a tocar pagar la cuenta, y ésta la puedes cubrir tú o dejársela a alguien más.

La esperanza parece ser una buena estrategia. El problema con esa estrategia es que descansa sobre los hombros de alguien más a quien le pasaremos la cuenta y tendrá que asumirla, por que nadie se va sin pagar la cuenta.

Tú estás en control hoy de determinar a quién le va a tocar. 

Si te gustaría conocer de una estrategia de inversión que te permitirá posicionar en un peldaño más elevado a quien te sigue, y permitirte pagar la cuenta en tu retiro, me encantaría conocerte y tener el honor de ser tu asesor.

¡Tu futuro está en tus manos!

Lauro Sández
Asesor Patrimonial

Autor: Lauro Sández

Asesor en finanzas personales y productos de inversión, para la acumulación y consolidación del patrimonio.

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