¡Ah como da lata este cuate que me anda ofreciendo un seguro de vida!

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Todos tenemos un amigo que o bien nos ha referido con un agente de seguros, o que recién ha incursionado en la venta de estos productos.

Tú sabes, ese amigo al que ubicabas como ingeniero en mecatrónica trabajando en la maquila. O el amigo que es licenciado en administración de empresas y pensabas estaba en el departamento de recursos humanos de una distribuidora de insumos médicos. 

Ese amigo que de repente un buen día te llama para decirte que tiene algo que te puede interesar y que le gustaría sentarse a platicar contigo para hablarte sobre un tema patrimonial.

Lo primero que piensas es que te quiere invitar a participar en un multinivel de productos de belleza o suplementos nutricionales. O peor aun, a un esquema piramidal para la compra de diamantes traídos de la República Democrática del Congo.

Y entre las mil ocupaciones que tienes diarias, te permites dos segundos para escuchar a tu amigo por que lo quieres mucho, y como que medio le entiendes que lo que quiere es ofrecerte una solución financiera llamada seguro de vida.

En ese momento estas a nada de decirle que con gusto lo ven la próxima semana o en 300 años pero que ahorita tienes que entrar a una junta con un cliente, cuando realmente lo que ibas a hacer era ver si Amazon México ya tenía disponible el Cubil Felino de los Thundercats.

¡Pero espera un momento!

Antes de darle el avión y oprimir el circulo rojo con un símbolo de telefonito en blanco en tu celular, valdría la pena darle una cita y escuchar la propuesta que tiene tu amigo para ti porque podría ofrecerte algo que quizá realmente ocupes pero aun no sepas.

Con este artículo pretendo darte un poquito de información de cómo un seguro de vida te puede beneficiar.

¿Para qué sirve un seguro de vida?

Solamente sirve para una cosa, y una cosa solamente. 

Para que una compañía de seguros le pague a un beneficiario una cantidad de dinero.

¿Para beneficio de?

a) Tus dependientes económicos (hijos, esposa, padres) en caso de que te toque bailar con la más fea, o,

b) De ti mismo en caso de que te pique una campamocha y te deje como vegetal y entonces tú te conviertas en un dependiente económico de tu pareja o de tus papás hasta que cuelgues los tenis. (Pd. La campamocha o “mantis religiosa” no es venenosa, pero el nombre está chistoso).

Lamentablemente en este país tan hermoso en el que vivimos, solamente el 15% de mexicanos que están activos económicamente cuentan con un seguro de vida. El otro 85% no cuentan con esta protección. 44 millones de mexicanos activos económicamente no cuentan con un seguro de vida, según datos de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (cifras del 2016)*.

Las familias mexicanas se componen en promedio de 3.6 integrantes, de acuerdo a cifras  del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) calculado al 2014**.

Si calculamos éste número de integrantes por familia nuclear, sin contar familiares añadidos (abuelos, tíos, hermanos, etc.), que dependen económicamente de un jefe de familia, y 44 millones no tienen un seguro de vida, esto quiere decir que al menos treinta y ocho millones ciento treinta y tres mil trescientas treinta y tres personas quedaran a la buena de Dios si es que el jefe de familia deja de proveer a la economía familiar.

En este cálculo que realizo quité de la ecuación a la pareja quien probablemente también tenga una fuente de ingresos. Pero invariablemente, el número resulta sorprendente.

Deja te pongo esto en números porque tal vez en letras no parezca mucho: 38 millones 133 mil 333 personas. Si este número aún no te sorprende, piénsalo como si fueran pesos y estuvieran en tu cuenta bancaria. Ahí si ya parece mucho. 

A pesar de estos datos, nuestra cultura como que nos induce a pensar que si llegáramos a fallecer, pues a los que dejemos detrás algo tendrían que hacer para salir adelante porque nadie tiene la vida “comprada”.

Este razonamiento pareciera que tiene cierta validez, pero ¡Alto!, un seguro de vida precisamente sirve para eso, para comprar “vida”, aunque no necesariamente para ti, sino para quienes hoy son tus dependientes económicos; para que puedan vivir sus vidas más tranquilamente en esa etapa de transición.

Pero también a veces pensamos que estamos tirando dinero porque o bien es dinero que no nos va a tocar disfrutar si es que nos vamos (y aquí por favor regresa líneas atrás y vuelve a leer el inciso b), o porque se cumplió el plazo del contrato y no recuperamos nada.

Aquí en primer lugar tendríamos que reflexionar es que si llegamos a faltar, lo que estarías dejando atrás sería una herencia. Una herencia líquida, en pesos y centavos, con la cual tus dependientes económicos, tu familia inmediata, te podrían llorar, pero contando con recursos económicos para sortear en un plazo determinado el día a día en lo que se ajustan a su nueva realidad.

En segundo lugar, si cumpliste el plazo para el cual lo contrataste, normalmente se contratan a cierta edad cumplida (65 o 70 años en adelante), lo que hiciste con esta inversión fue precisamente proteger a tus dependientes económicos mientras estuvieron a tu cargo. 

Porque para ese entonces los hijos crecieron y ya son responsables de su sustento, y tú, espero, ya tienes un ingreso derivado de tu pensión, jubilación o patrimonio constituido, para proveer tus necesidades y las de tu pareja. 

Incluso en éste escenario, si tuviste la oportunidad de contratar un seguro de vida que llegada su fecha de vencimiento te regresara alguna cantidad, entonces no estuviste “tirando” dinero, porque existen productos para lograr esto, para que te “regresen” lo que has pagado. Simplemente su costo es mayor que un seguro de vida simple y llano.

Y afortunadamente hoy en día existe muchísima oferta en el mercado para obtener a un precio razonable productos de esta naturaleza. ¿No te ha tocado ver que ahora hasta los bancos parece que mas que bancos se convirtieron en compañías de seguros, y te invitan a que adquieras un seguro de vida con ellos?

No, no estás “tirando” dinero.

Estás adquiriendo un producto financiero que protegería una cosa, y solamente una: contar una cantidad de dinero que una aseguradora pague a tus dependientes económicos o a ti mismo en el caso de que fallezcas o te invalides, y todo a costa de una fracción mínima a tu cargo.

Lo que hace un seguro de vida para ti es “comprar” una cantidad de dinero mayor a la que pagas, cantidad mayor que se conoce como “suma asegurada”, a un precio muy barato para el caso de que llegaras a fallecer o invalidarte, lo que se conoce como “prima”. 

La prima es el costo del seguro; la suma asegurada, es la cantidad que la compañía va a pagar. 

En ciertas compañías, una persona sana de 35 años de edad pagaría algo como $500.00 pesos mensuales por una suma asegurada de $1,000,000.00 de pesos.

¿Y porque es tan barata esa “prima”?

Porque existe un cálculo estadístico que se llama “tabla de mortalidad” sobre el cual la compañía de seguros se basa para determinar el costo del riesgo de que en un territorio determinado (país) las personas fallezcan. 

En México la expectativa de vida está calculada en 75.3 años de acuerdo al INEGI, datos para el 2018***.

La probabilidad de que alguien fallezca antes de cumplir su expectativa de vida en promedio es del 4.82% por cada 1,000 habitantes, esto calculado al 2015.^ 

En 2015 existíamos 119 millones 938 mil 473 mexicanos^^. Y si de ellos en 2015 fallecían solamente el 4.82% por cada mil habitantes, el riesgo para la compañía de seguros de tener que pagar una suma asegurada estaba más o menos en la misma proporción, lo cual quería decir que si mil personas contrataban un seguro de vida, de esas mil personas, la probabilidad de que fallecieran era muy baja, pues de ese 4.82% estamos contando a personas de todas las edades, e incluso neonatos porque a la fecha hasta a ellos los cuentan en las estadísticas de mortalidad del INEGI.

Pero toda esta estadística que te planteo no va en el sentido de amenguar la necesidad de contratarle a tu amigo un seguro de vida por la poca probabilidad que existe de que llegues a fallecer o a invalidarte, sino porque toda esa estadística se iría por el caño si es que te toca a ti o a tu familia, porque en ese momento, lo más importante para ellos, o para ti, será el contar con una protección en este rubro. 

¿A cargo de que? De dos cosas fundamentalmente:

Una: De tomar consciencia de que es en tu mejor beneficio el contar con un producto financiero que le permita a tu familia hacer frente a los retos económicos que les sobrevengan con tu partida;

Dos: Destinar una pequeñísima parte de tus ingresos, a veces hasta menos de lo que te cuesta un Combo Nachos con extra queso, palomitas mitad mantequilla y mitad caramelo y refresco Jumbo más 100 gramos de mangos enchilados en el cine, para contratar esta protección.

Si otro amigo te vuelve a llamar para buscar una cita contigo porque quiere platicarte sobre un producto financiero que puede proteger tu patrimonio o el de tu familia, no le cuelgues de inmediato como al telemarketer de American Express y dale una cita.

Tu familia te lo podría agradecer cada que te recen el novenario en la parroquia donde te bautizaron.

 

Lauro Sandez
Asesor Patrimonial

Referencias:

** http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/aproposito/2016/familia2016_0.pdf, fecha de consulta 14 de junio de 2018.

*** http://www3.inegi.org.mx/sistemas/temas/default.aspx?s=est&c=17484, fecha de consulta 14 de junio de 2018.

^ https://www.datosmacro.com/demografia/mortalidad/mexico, fecha de consulta 14 de junio de 2018.

^^ http://www.beta.inegi.org.mx/temas/estructura/, fecha de consulta 14 de junio de 2018.

Autor: Lauro Sández

Asesor en finanzas personales y productos de inversión, para la acumulación y consolidación del patrimonio.

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